
Esta noche estoy escuchando a Marcello y me pregunto, (siempre la misma pregunta), cuando es el momento, cuál es el preciso momento en que entras a tocar. Creo que mientras más me explicas, menos me entero.
No sé muy bien como es eso de ir contando compases cuando yo cuento lo que puedo y me cuesta, porque ya se sabe que las matemáticas y yo no congeniamos ni de lejos, eso sí, salvo el uno más uno que esta vez no resulta dos, sino uno bien juntito.
Total, que mientras escucho violines y violas, me dedico a contar para saber cuando leches tiene que entrar el oboe. Y cuando lo hace me quedo sin respiración porque lo hace con tanto ímpetu que me ahogo .Intento tocar con mi boca algo que mi mente sabe a la perfección pero esto va tan rápido que aún no he abierto la boca para meter la caña cuando está acabando el movimiento.
De todos modos sé que cuento algún ritmo, alguna medida, alguna pauta, no sé, algo que no sea número y que se quede en palabra que se me da mejor para que de alguna manera se acerque donde estás. Naufragué en un Re menor mientras te pensaba que se repetía una y otra vez sin que me atreviera a abrir la boca.
Cuando Marcello acabó Vivaldi se metió en mi cabeza con un minueto en Do mayor que me relajó algo más. Comencé de nuevo a contar y en el minuto 1:25 ya tenía varias ovejitas porque de nuevo los compases se me perdieron y me oprimía el pecho de tanto soplar.
Apretaba, apretaba, pero de mi boca no salía ni una sola nota que no fuera un te quiero todo desordenado a la espera que lo descifraras. Joer , que complicado me parece todo esto cuando lo más sencillo es mirarte a los ojos y dejar que hable mi mirada, cuando lo más simple es utilizar la palabra para decirte que te amo mientras tus dedos, que son los que saben, se mueven entre Fa, Re, Allegros, D minor y tantas, tantas notas y tantos movimientos a los que yo me entrego.
Como me cansé de tanto soplar y ya me dolían hasta los mofletes de la cantidad de soplidos para buscar la melodía perfecta, busqué la nana impecable para perderme en nuestros sueños y entregarme a tus brazos porque desde hace tiempo los de Morfeo no surten efecto.
Antes de acostarme esta noche me llevo metido en mi pijama cosido a trocitos de ambas el susurro de tu voz, una canción tarareada, un te quiero que rebota en cada poro de mi piel. Y mientras te escucho, mientras te recuerdo y vivo como la mejor nana posible, sigo componiendo la melodía que me gustaría regalarte para que el día menos pensado logre hacerte sentir lo que tú consigues.

