
Tocan a muerto en mi pueblo, en mi pequeño pueblo llamado Villoria de Órbigo, y es mentira. Tocan a muerto allá en el páramo de León y es más mentira.
Nunca entendí cómo pueden tocar eso, ni siquiera cuando era pequeña y corría por las largas calles aún sin asfaltar. Tocar a muerto es sentir la primera campanada y esperar la segunda sin aliento, es esperar esos segundos como si la vida, nunca mejor dicho, te fuera en ello .Pararse uno y pararse el tiempo que corría entonces sin prisa para una que quería sentirse ya mayor.
Hace casi dos meses, ésta que escribe se sentaba a tu lado en una tarde- noche de una boda de una prima común. Antes fueron los aperitivos y las fotos que hoy me sirven de excusa para llorar.
Hace casi dos meses me reí, me reí tanto como las otras veces que me encontré contigo en alguno de esos viajes fugaces que hacía al pueblo. Esa noche nos peleamos con langostinos, con escotes sugerentes y con historias entre el todo y la nada, y nos quedamos en el medio que es dónde nos gustaba estar. Los extremos nunca son buenos.
Esa noche te fuiste cómo un señor, como lo que eras, te bastó un simple: “voy a buscar tabaco” y desapareciste tras la cena, sin decir adiós, porque no lo necesitabas, porque no querías estropear la noche a nadie. Esa misma noche, dejaste en el bolsillo del corazón risas, sonrisas y vida.
Pensé entonces hacer una crónica de esas que de vez en cuando escribo en tono de humor para contar la boda. Nunca lo hice. No me dió tiempo a decirte que el lunes comienzo a trabajar cerca de Ponferrada y que podríamos vernos. Este domingo voy para allá y espero verte en cualquier lugar tomando un vino.
Mis sobrinos que aún no tienen la edad, esa maldita edad que algunas veces martillea la cabeza para comprender, recuerdan al primo Gelín que les enseñaba pueblos recónditos de León llevando en el maletero una buena tortilla. Es curioso como se te recuerda viviendo y disfrutando de aquellas veces que lo enseñabas como si fueras tú el niño.
Pura vida como el libro, es poco decir para ti. La regalabas en cada sonrisa, en cada palabra. Vida dabas a cambio de un rato de esos en el bar del pueblín, en cada chopo que ayer agachaba su copa en señal de respeto cuando pasaste al lado del cementerio, en las piedras que se apartaban del camino para que llegaras allí dónde te esperaban, en cada rosa que abría sus pétalos para recibirte. Confieso que estuve a punto de aplaudir tu llegada, tu estancia a mi lado, llevada por el impuso de jóvenes estudiantes, de profesores que siguen creyendo en esto del enseñar y confieso que lloré , que te toqué dos veces y me faltaron veces.
Hoy estoy convencida que la vida, esa que dicen que es sabia aunque yo siga hablando del tema con ella, te dio un buen zarpazo porque era consciente que si no lo hacía así, ibas a luchar con todo lo que tenías para salir adelante. Sí, así ocurrió y aguantaste tres días, luchando con todo lo que tenías dentro. Pero esta vez no salió bien, ganó la vida. Vida que incluso en esos momentos en los que arañas hasta el último suspiro, regalaste. No esperaba menos de ti, no me sorprendió. Más vida, aún más si cabe. Te sobraba de eso, la donaste.
Yo que sigo caminando allá donde me lleva la brújula del destino sin definir, miraré ahora a la gente que me rodea con la esperanza de encontrar algo tuyo en aquellos que se crucen en mi vida. En este camino no está sólo tu corazón, estas tú, está cada gota de vida que tienes.
Hace casi dos meses, hace casi dos años, hace casi dos días, hace casi dos horas, hace casi dos minutos, hace casi dos segundos, me senté a tu lado y me regalaste vida, me obsequiaste con la alegría del que da sin esperar nada a cambio. Hace tres días que agradezco tal regalo, hace muchas vidas que no dejo de recordarte y de sentirte. Hace eternidades que te añoro, te busco, te encuentro en sonrisas, en el fuerte aroma de un Ducados, en la lluvia de esta mañana, el sol de la tarde, en el silencio que me acompaña, el escalofrío que me anuncia la noche, en el bullicio de mi nada, en el hueco del todo.
En Villoria dicen que tocaban a muerto. Y yo digo que es mentira, porque hasta las campanas de la iglesia se confundieron pues no saben tocar a VIDA. Quién les ha enseñado? Que yo recuerde nadie, hasta el miércoles que le diste una clase magistral. Ahora ya saben hacerlo.
Por cierto, te espero en Ponferrada . Siempre habrá un vino esperando, siempre habrá un momento para compartir, siempre me quedará el instante para vivirte.
Ahora las campanas de Villoria tocarán a Vida, porque tú se lo has enseñado. Gracias profesor, si no te importa espero que seas tu quien le diga que es mentira lo que tocan, a mi no me hacen caso, sigo siendo aprendiz.